Nuestras acciones pueden determinar si hacemos correctamente la obra del Señor, sino buscamos la dirección del Padre por medio de su Palabra estaremos trabajando vanamente en la obra de Jesús.
Al rendir nuestra voluntad al Padre, empezamos a dar un paso de obediencia haciendo que nuestra manera de pensar cambie. Ya no dependemos de lo que pensamos, sino de lo que creemos en Cristo, en nuestra posición como hijos de Dios y más de la ayuda del Espíritu Santo para transformar la sociedad.
Antes de recibir a Cristo en mi corazón mi pensamiento era totalmente diferente, me preocupaba en mis intereses, en satisfacer mis deseos y ser egoísta frente a las demás personas.
Después de recibir a Cristo en mi corazón las cosas cambiaron, ya que al buscar la voluntad del Padre, entendí que no era mi voluntad lo que debía protagonizar en mi vida, sino que Jesús debe ser el centro de mi vida, en mis emociones y pensamientos.
Al recibir a Cristo en nuestro corazón, pasa algo fuera de lo común, el Espíritu Santo nos permite ver las cosas de una manera totalmente diferente. Encontramos que Cristo habita en nuestros corazones y entendemos que no estamos solos. Ya no es con nuestras fuerzas sino con el poder de Dios.


No hay comentarios:
Publicar un comentario